Como buen cuarentón, nacido en 1980, mis recuerdos de infancia, adolescencia y juventud, se vieron mediados en buena parte por los programas, películas y/o canciones que se iban poniendo de moda y que de una manera u otra, iban marcando a los miembros de mi generación.

Mi infancia y adolescencia las viví en Vallenar, una ciudad más bien pequeña de la región de Atacama, en la cual hasta que volviera la democracia, solo contaba con un solo Canal de Televisión. No hay que ser Zulma para saber que ese canal era Televisión Nacional de Chile, el cual estaba controlado por el gobierno de turno, el cual no velaba precisamente por la libertad de contenidos.

Piense usted que en el año 1985, el Jappening con Ja, transmitido por Televisión Nacional, alcanzó un rating histórico, ni más ni menos que 85 puntos, con su sección del Negro Papalapapiricoipi (si usted lo leyó rápido, es porque conoce a la perfección de quién hablo).


No hay ser humano de aquella época que no pueda corear el Tema Principal del Jappening o que no se sepa los personajes que componían la oficina (un sincero homenaje a Ricardo Canitrot por su eterno legado).

Lo mismo pasaba con el Festival de la Una, conducido por Don Enrique Maluenda, quién entregaba apetecidos premios a los concursantes, tales como una Guitarra, un Poncho, una Salsa de Tomates o un Calefont (supongo que se sabe las marcas de todas o no)

Esta columna, no es una antología de la Televisión Chilena, así es que tampoco voy a entrar en grandes detalles sobre otros programas, pero usted coincidirá conmigo que los años 90, fueron la época de oro para las Teleseries Nacionales, nos paseamos por Ámame, Romané, La Fiera, Iorana, Estúpido Cupido, entre tantas otras, que con prácticamente el mismo elenco e historia, nos mantenían expectantes porque llegara el final y sonara la clásica canción de Silvio Rodriguez que daba termino a sus temporadas.

Sin ir más lejos, el humorista Pedro Ruminot en su presentación en el Festival de Viña hizo un gran ejercicio de memoria colectiva, al entonar una serie de temas que con solo dar una frase el público coreaba y bailaba sin parar.

Ya a mediados de los 90, entra de forma masiva en Chile la televisión por cable y se presenta un proliferación de radios FM, que empiezan a fragmentar la audiencia en públicos cada vez más definidos, se mantenía el reinado de los medios masivos pero los programas de nicho, se hacían cada vez más frecuentes.

Fines de los 90 e inicios del 2000, en Chile se empieza a masificar el uso de internet, al principio a través de una precaria, sonora y demorosa conexión, que sin embargo nos fue dando acceso a contenidos cada vez más personalizados.

Aparecen los gestores de descarga, podíamos bajar series, películas, discos, ya no era necesario juntar lucas para comprarse el último disco de tu banda favorita, si no que lo podías descargar y guardar en un mp3, para escucharlo mientras caminabas por las calles de la ciudad.

Tiendo a pensar que en ese momento cambió todo, nunca más volveríamos a generar recuerdos colectivos potentes, llegó la época en que cada uno solo recibía los temas que le gustaban, del resto de los temas, ni siquiera nos enterábamos, la real fragmentación de las audiencias, había empezado.

Hace unos días, revisando el Twitter (otra oda a la segmentación), veía los venenosos comentarios sobre una chica que había asistido sin mascarilla a un popular festival musical, evidentemente no tenía la más peregrina idea de quién era ella y al buscarla en Instagram, me di cuenta que tiene más de 1 millón de seguidores.

Me pasó lo mismo al buscar temas de Daddy Yankee, quien recientemente anunció su retiro y al buscarlo en Spotify, me di cuenta que tenía canciones con más de mil millones de reproducciones, canciones que por lo demás, yo no había escuchado en mi perra vida.

Ni siquiera voy a entrar en detalles, de los influencers, actores y creadores de contenidos que sigue mi hija de 15 años, quienes han hecho fama y fortuna, sin yo tener la más mínima noción de su existencia.

Ahora bien, usted podrá pensar que estos comentarios, no van más allá del desahogo de un cuarentón que ve como la juventud se le escapa de las manos y en parte es así, sin embargo mi tema pasa por otro lado, me preguntó cuales serán los temas que unan a estas nuevas generaciones, cuando sean ellos, los cuarentones que vean su juventud pasar ante sus ojos.

Creo que los recuerdos irán más por el lado de las medios utilizados, más que en el contenido creo que los cuarentones del 2040 dirán “te acuerdas cuando ocupábamos Instragram, Tik Tok, Spotify y Netflix”

Mire usted, los años que tuvieron que pasar, para que finalmente volviéramos al viejo y apaleado Marshall McLuhan, para validar, que a pesar de todo: el medio sí era realmente el mensaje.

¿Podrá el Pedro Ruminot del 2040, iniciar una canción y que toda la audiencia la coree al mismo tiempo? ¿Existirá el 2040 una memoria colectiva o solo memorias fragmentadas, que solo recordaran lo que internet, les dio como recuerdos?

Lo invito a ver en Netflix, el documental El Dilema de las Redes Sociales, es un buen comienzo para entrar a este tema, cuyas implicancias, recién estamos empezando a visualizar.

 

Rodrigo Urquieta Alvarez