Dos miradas comunes de lo que enfrenta el joven ciudadano promedio de hoy, y que invitan a reflexionar en lo que realmente queremos lograr al tomar uno u otro camino. Buscamos, probablemente, la autorrealización por los medios que el capitalismo disponga, en equilibrio entre nuestros gustos y deseos personales, la generación de ingresos a partir de aquello y la validación de nuestro entorno respecto a: en qué estamos invirtiendo nuestro preciado tiempo. Entonces:

¿Por qué emprendería?, si soy joven y estudié tantos años una carrera prometedora, soy bueno en mi campo, y tengo, o podría tener un empleo estable como dependiente; con esto es suficiente para hacer carrera en una empresa y lograr el añorado kit del adulto, con un auto, la casa propia, vacaciones de 3 semanas cada un año y un hijo humano o animal según sea su gusto; además de paso, consigo validarme ante mis pares y entorno, como quien “la hizo” y no tiene mayores preocupaciones luego del fin de la jornada laboral, gozo de 14 horas diarias para invertir en lo que se me antoje, y el viernes por la tarde me desconecto de mis labores hasta que vuelva a amanecer como día lunes.

«Podría tener un empleo estable como dependiente; con esto es suficiente para hacer carrera en una empresa y lograr el añorado kit del adulto, con un auto, la casa propia, vacaciones de 3 semanas cada un año y un hijo humano o animal según sea su gusto»

Se lee aparentemente un buen camino para la felicidad, pero por otro lado, ¿por qué no emprendería?, si soy joven, me considero capaz y competente independiente de mi nivel académico, me genera independencia laboral, lejos de agobiantes jefaturas, horarios y el estrés de las metas mensuales que alimentan el narcisismo empresarial con sus famosos “indicadores”; y además de paso, consigo validarme ante mis pares y entorno, como quien “la hizo” y no tiene que preocuparse por rendirle cuentas a terceros, se dedica a lo que por voluntad propia decide dedicarse y puede asistir a buena parte de los eventos del colegio de sus hijos.

No se trata de que algunas generaciones quieran o no emprender, se trata de que estamos constantemente buscando nuevas formas para lograr el éxito según nuestras competencias y posibilidades; éxito que hoy por hoy ha dejado de ser el que antes equivalía al poder adquisitivo y altos cargos en organizaciones, y que se ha transformado en contar con mayores tiempos libres, flexibilidades de jornadas y bienestar propio; si eso conlleva ser gerente y estafeta de una pyme, crear una empresa unicornio o ser el empleado del mes en una organización relativamente decente, bienvenido sea. Permitirnos reformular el éxito es labor de todos quienes lo perseguimos, desde cualquier vereda, desde la del que emprendió o de la del que no lo ha hecho y/o no quiere hacerlo, lo relevante es equiparar el valor del tradicional éxito material y jerárquico, con el bienestar físico y espiritual y la estructura horizontal en la que todos valemos lo mismo.

 

Ricardo Vigueras – Director de Operaciones

Ingeniero Comercial de la Universidad de Valparaíso, se ha desempeñado los últimos años en la Coordinación de Programas de Fomento Productivo.